
El Jueves Santo representa un pilar fundamental para la fe católica al conmemorar la institución de la eucaristía y el sacerdocio durante la Última Cena. Según la tradición bíblica, este día Jesús realizó el lavatorio de pies a sus discípulos, un acto que simboliza la humildad y el servicio al prójimo. En las catedrales de México, la jornada inicia con la Misa Crismal, donde se bendicen los óleos sagrados y los clérigos renuevan sus promesas ante la comunidad.
Por la tarde, la Misa Vespertina marca el comienzo del Triduo Pascual, el periodo de tres días que culmina con la resurrección. Durante la noche, los fieles participan en la Hora Santa, un espacio de oración que evoca la agonía de Cristo en el huerto de Getsemaní y su posterior aprehensión. Estas ceremonias invitan a la reflexión profunda sobre la traición y el sacrificio, preparando el espíritu para los eventos más solemnes de la semana.
El Jueves Santo da inicio al Triduo Pascual, los tres días más sagrados del calendario cristiano. Ese día, la tradición recuerda cuatro momentos clave de la última noche de Jesús antes de su arresto:
La Última Cena: la reunión de Jesús con sus apóstoles.
La institución de la Eucaristía: al consagrar el pan y el vino.
El lavatorio de pies: gesto de humildad y servicio hacia sus discípulos.
La oración en Getsemaní: el momento de angustia previo a su detención.
De acuerdo con la Revista Desde la Fe, Dios les dijo a sus discípulos “Hagan esto en memoria mía” y posteriormente les lavó los pies para enseñarles el “mandamiento del amor y el servicio”. Se cuenta que después de la Cena, Jesús fue a orar al Huerto de Getsemaní en el Monte de los Olivos, pero fue traicionado por Judas Iscariote, quien lo entregó con la guardia de los judíos.
El Jueves Santo se celebra con una “Misa Crismal”, realizada por el Obispo en unión con todos sus sacerdotes (presbiterio) y el Pueblo de Dios, es objetivo es renovar promesas realizadas el día de su ordenación, muestran su unión con el obispo y se consagran los Santos Óleos, usados para impartir los sacramentos en las iglesias.
Conmemoración de la Pasión y Muerte de Jesús
El Viernes Santo se centra en el juicio, la crucifixión y el fallecimiento de Nazaret en el Monte Calvario. Es el único día del año en el que la Iglesia no celebra misas convencionales, enfocándose exclusivamente en la Pasión de Cristo. El ritual comienza con un ingreso en silencio del sacerdote, quien se postra en el suelo como señal de duelo universal. Posteriormente, se realiza la adoración de la cruz y la lectura de las siete palabras pronunciadas antes de su muerte a las 15:00 horas.
En México, la devoción popular se manifiesta a través del Viacrucis, donde los creyentes recorren las estaciones que narran el camino hacia la cruz. Como parte de la penitencia, se mantiene una jornada de ayuno y abstinencia de carnes rojas, sustituyéndolas por pescados y legumbres. Esta tradición de sobriedad busca alinear el sentir de los feligreses con el sufrimiento histórico de su figura central. Finalmente, el descenso del cuerpo y su depósito en el Santo Sepulcro cierran las actividades de este día de luto institucional y espiritual.
Este día es uno de los más solemnes del año litúrgico. En esta fecha se recuerda la pasión, crucifixión y muerte de Jesucristo. Se conmemoran el juicio, la tortura y la crucifixión. Su muerte en la cruz se recuerda como un acto de redención para la humanidad. Es un día de luto, recogimiento y ayuno para los fieles. A diferencia de otras celebraciones religiosas, el Viernes Santo se vive con silencio, reflexión y solemnidad. No hay misa propiamente dicha, sino una celebración especial de la Pasión del Señor.
Este día los feligreses recuerdan la pasión y muerte de Jesús de Nazaret, por ello, acompañan el recorrido de Jesús hasta su cruz. La Revista Desde la Fe, señala que el Viernes Santo, Jesús amaneció en la casa de Caifás, fue enviado con Pilato pero fue rechazado y lo envió con Herodes, gobernante de Galilea, sin embargo, fue nuevamente rechazado y devuelto con Pilato.
Pilato lo juzgó, le pusieron una corona de espinas, y lo azotaron hasta morir en el Monte Calvario, lugar al que llegó después de haber cargado su cruz; lo crucificaron entre dos ladrones, falleció a las 3:00 de la tarde.