
Por José Guadalupe Rocha Esparza
Semana Mayor
Heraclea -Llaco-, abuela materna, invitaba a celebrar con devoción la Semana Santa, iniciando con la oración a la Santísima Virgen de los Dolores el día viernes, previo al Domingo de Ramos. Los vecinos de la colonia Independencia preguntaban: ¿Ya lloró la Virgen? Luego bebíamos agua de Jamaica. Después la procesión de las palmas en día domingo.
Vendrían después días de intenso recogimiento y visitas diarias al templo para lecturas -lunes, martes y miércoles- con Laudes, Maitines, Vísperas y Completas. Luego el Triduo Sacro, -silencio y quietud en jueves- con el lavatorio de pies, visita de los siete templos y compra de empanadas. Al siguiente día, silencio, ayuno y abstinencia total, vestidos todos de negro.
Viernes de Viacrucis, del Sermón de las Siete Palabras, de la Adoración de la Cruz y Rosario del Pésame, con imágenes cubiertas de mantos púrpuras y altar vacío, sin flores, sin velas. Seguía el sábado y la hora del Gloria, con nueve lecturas. Finalmente, el domingo de Resurrección del Señor de luces prendidas, prendas de impecable blancura, blancas flores y mucha alegría.