Alarma ambiental en Vallarta y Bahía de Banderas por misteriosa muerte de seis cocodrilos

Por Carlos Hartig

Bahía De Banderas/Puerto Vallarta. –  En un periodo de apenas dos semanas, el hallazgo de seis cocodrilos muertos en las costas y esteros de Puerto Vallarta y Bahía de Banderas encendió focos rojos entre biólogos, autoridades e inspectores ambientales. La pérdida de estos ejemplares —cinco de los cuales se ubicaron en territorio jalisciense— representa un severo golpe a la biodiversidad local, considerando que el cocodrilo de río (Crocodylus acutus) es una especie protegida por la legislación mexicana bajo la NOM-059-SEMARNAT-2010. La coincidencia y frecuencia de los hallazgos ha generado una profunda inquietud institucional y comunitaria, ya que hasta el momento no existe certeza absoluta sobre si se trata de un fenómeno provocado por disputas territoriales o si responde a factores antropogénicos no detectados en la franja costera. Roberto Ornelas, director de Sostenibilidad Ambiental de Puerto Vallarta, calificó estas muertes como una situación sumamente lamentable, subrayando la urgencia de esclarecer lo ocurrido debido a la función ecológica vital que desempeñan estos reptiles.

Entre los decesos reportados destaca el emblemático caso de un espécimen macho de 3.45 metros de longitud encontrado flotando en las inmediaciones de Playa Los Tules, el cual debió ser sepultado directamente por el propio Roberto Ornelas ante la falta de personal y la urgencia sanitaria. Las inspecciones preliminares de este imponente ejemplar y de los demás encontrados —incluida una cría localizada a escasos metros de las oficinas de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat)— no mostraron amputaciones ni heridas superficiales externas visibles. Esta ausencia de lesiones traumáticas provocadas por anzuelos o armas complica el diagnóstico de las necropsias y abre un abanico de interrogantes sobre posibles intoxicaciones, patógenos o una letalidad inusual en los combates entre congéneres, si bien colectivos ambientalistas recuerdan que en ocasiones anteriores se han registrado agresiones humanas directas contra la fauna de la zona.

Especialistas de la Red de Alerta y Manejo «SOS Cocodrilo» señalan que los reptiles han perdido más del 90% de su hábitat original en la cuenca de Bahía de Banderas debido al imponente avance de la mancha urbana y la presión inmobiliaria. La actual población regional se estima reducida a entre 200 y 350 ejemplares, de los cuales escasamente entre 35 y 40 son adultos reproductores de gran tamaño. La severa fragmentación de los esteros reduce drásticamente los espacios de refugio disponible, desencadenando violentas disputas territoriales entre machos dominantes que fuerzan a los ejemplares subordinados o juveniles a desplazarse hacia zonas urbanas o de alto flujo turístico. Un ejemplo claro de esta dinámica fue la reciente aparición de un ejemplar de dos metros en la desembocadura del río Cuale, tras haber sido expulsado por ejemplares dominantes de mayor tamaño que habitan en sus santuarios naturales de Boca de Tomates o el Estero El Salado.

Frente a esta coyuntura, los protocolos de la Red «SOS Cocodrilo» —coalición conformada por académicos, la Universidad de Guadalajara, ambientalistas y autoridades municipales de Nayarit y Jalisco— han extremado la vigilancia técnica e insisten en que dependencias federales como la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) y la Semarnat deben profundizar las investigaciones, apoyándose en las cámaras de videovigilancia situadas en los puntos donde fueron encontrados los reptiles. Asimismo, las autoridades reiteraron de forma categórica a la ciudadanía que capturar, alimentar, acosar o manipular a estos animales, incluso si se trata de crías pequeñas, constituye un delito federal grave estipulado en la legislación ambiental mexicana que se sanciona con cuantiosas multas económicas e inclusive penas de prisión. Paralelamente, advirtieron que intentar manipular ejemplares menores representa un alto riesgo físico, ya que su fuerza de mordida puede provocar amputaciones o lesiones de gravedad.

La tensión social en la franja turística se mantiene elevada tras el trágico antecedente registrado el pasado 26 de junio, cuando un turista perdió la vida tras ser atacado por un cocodrilo en una playa de Marina Vallarta, suceso que reforzó drásticamente los esquemas de prevención en la región. A raíz de este acontecimiento y ante la inusual frecuencia con la que han aparecido cadáveres de la especie, la Dirección de Sostenibilidad Ambiental emitió una recomendación preventiva urgente a la población local y a los visitantes para evitar ingresar al mar después de las 5:00 o 6:00 de la tarde. Esta restricción aplica de manera prioritaria para la franja comprendida entre la desembocadura del río Ameca y el ingreso al Estero El Salado, abarcando sectores de alta concurrencia como Shangri-La y las Ramadas de Boca de Tomates, tramo costero donde los avistamientos son constantes y la actividad de caza o desplazamiento crepuscular de la especie alcanza su punto máximo.

El cocodrilo de río cumple un papel insustituible como depredador tope y regulador de la salud metabólica de los ecosistemas estuarinos y marinos de la región, controlando la sobrepoblación de otras especies y manteniendo el equilibrio en las cuencas. La pérdida simultánea de seis individuos en un periodo tan breve vulnera de forma crítica a una población biológicamente frágil que ha sobrevivido en la zona por milenios y cuya conservación es indispensable para el patrimonio natural del Pacífico mexicano. Esclarecer a la brevedad si estas muertes corresponden a un fenómeno territorial agravado por el hacinamiento o a un atentado ambiental no detectado resulta prioritario para garantizar la seguridad de la comunidad y asegurar la coexistencia armónica entre el desarrollo turístico y la fauna silvestre.