DICHO POR ROCHA

Por José Guadalupe Rocha Esparza

Rufino Tamayo

Junio 24, aniversario luctuoso del pintor Rufino Tamayo, un gran personaje de la plástica mexicana, nacido en el Barrio del Carmen Alto, ciudad de Oaxaca y desde los once años radicado en el mercado de La Merced, CDMX, rodeado de coloridas frutas que influenciaron su formación estética, especialmente las sandías, por sus vibrantes tonos rojos y verdes.

Hace 35 años murió el artista de la universalidad, impresionista, pensante del arte prehispánico y temas de la Revolución Mexicana, maestro de la Academia de San Carlos en 1928 y profesor en Nueva York seis años después. Tamayo, ejecutante de su oficio como un artesano, no creía en la inspiración. Tomaba el pincel desde el amanecer hasta el anochecer.

Frente al caballete, Tamayo observaba la vida, las costumbres y las actitudes de las personas, es decir, todo un inventor de realidades, mismo que soportó aislamientos, la dureza del trabajo y privaciones, sin usar la pintura como medio de subsistencia, sino por la necesidad de pintar siempre en calma, ajeno a toda clase de envidias y obstáculos en su vida.

Los colores mexicanos están presentes en la pintura tamayana, como esa pared color azul añil en su casa de Cuernavaca o el rosa marquesote u ocre en indumentarias de los pueblos originarios o los rebosos rojos o azules con blancos intensos y color tierra o barro. A Tamayo siempre lo rodearon los colores y siempre acompañado de su gentil esposa Olga.

La pintura de Tamayo es admirada y entendida por cualquier persona en el mundo, pintura mexicana universal, ajena a la pintura puramente localista, que expresan tiempo y movimiento, sin más limitaciones que el marco del lienzo, sin brochazos, sino con espátulas y aguarrás, trabajando con texturas, siempre de buen humor y rodeado de enriquecedoras amistades.

Decía Tamayo que la luz de México es brillante, intensa, con un aire natural que no se ve en ningún otro lugar del mundo, país propio para soltar el pulso, pintar y pintar, con ese rostro de sonrisa franca, reflejando paz, plenitud. La memoria de Tamayo vive en los mexicanos. La plástica mexicana le tiene reservado un lugar único desde el 24 de junio de 1991.