
Por José Guadalupe Rocha Esparza
Norteño guerrero
Con amor fraterno al suelo de Chihuahua, norteño destino donde brilla el sol de un hermoso porvenir e inspirado en la intención anímica de ser más reconocido en el país, emerge un campo desolado y eriazo; agrestes montañas ricas en inhospitalaria flora; ríos incipientes desprovistos de vegas; peligros de la soledad y el aduar movedizo de los bárbaros.
En Chihuahua ha vivido así el hombre norteño, arrancando activamente su sustento a la naturaleza bravía; celebrando jubiloso la hora del triunfo, de tiempo en tiempo; compartiendo en su mayor parte la hiel amarga de su sufrimiento y de su desengaño y entregado a los duros trabajos del campo, vida en la sabana estéril poblada de amenazas, contingencias, riesgos.
Estas escenas han dado a Chihuahua un espíritu de bravura, demostrada en ocasiones sin cuento, contribuyendo esa soledad al forjamiento de su carácter altivo y llano, así como su hospitalaria virtud, a pesar de sus continuas guerras contra el bárbaro, contra el extranjero e intestinas, con la sangre hidalga y vigorosa de sus hijos. Chihuahua renovará su pujanza.