Alfaro: sus ideas, sus obras, y un casi adiós

El esfuerzo como punto de partida.

“¡Qué natural lo que se acaba / cuando ya se acaba por sí! / Voy con la razón satisfecha, / dormido, contento, feliz”

Alfonso Reyes

Por: Ernesto Acero C.

Profundamente amoroso con su familia, a la que en todo momento sabía tener en su alma. Ese es el mayor recuerdo que podemos tener de nuestro amigo. Quizá ese fue siempre su punto de partida para realizar grandes proyectos. Y supo hacer realidad sus ideas transformadoras.

Un hombre extraordinario, emprendedor, iconoclasta y a la vez profundamente tolerante, con perspectiva plural y siempre de ánimo incluyente. Todo eso y más es lo que nos deja como recuerdo, como lección y como legado el querido doctor José Luis David Alfaro.

Trabamos amistad desde aquellos días en los que artistas, intelectuales, periodistas, jugadores de ajedrez y otras tribus, hacían del café Xiecá (del querido don Ramón Mercado), centro de reunión. De pronto, Alfaro era centro de atención en dichas reuniones por su vasto conocimiento de diversas culturas. Sabía construir conversaciones mezclando referencias de las culturas de la antigüedad, como las de la India, China, Japón, Grecia, Egipto, Roma.

Un auténtico producto de la cultura del esfuerzo, el doctor Alfaro se integra al mundo del diarismo desde principios de los ochenta. A fines de esa década empieza una odisea que termina con la edificación del más importante grupo de medios de comunicación, «Meridiano de Nayarit».

En ese largo y productivo trayecto, se supo rodear de las personas adecuadas para realizar sus ideas. Así podemos recordar una lista enorme de colaboradores que por ahora mejor ni menciono, pues de seguro pecaría por olvidar un gran número de ellos. Hoy mal haría si no cito dos nombres relevantes en la vida del amigo Alfaro: Memo Aguirre y don Enrique Martínez. Una tríada construida por el doctor Alfaro y fácilmente explicable dada la vasta cultura que ambos han demostrado, base para conversar con el doctor.

La llegada del doctor Alfaro al mundo de los medios de comunicación en Nayarit, es profundamente transformadora. El entrañable amigo Alfaro logra que Nayarit transite de la época de las cavernas al siglo XXI, en pleno siglo XX. No me refiero a esta contribución como parte del legado que nos deja nuestro muy querido amigo, sino que lo hago en el ánimo de poner de relieve esa potente voluntad y vitalidad de un hombre que siempre supo hacer equipo.

Supo hacer equipos, sin duda. Fue tolerante e incluyente. Fue en todo momento respetuoso de las ideas de otros, al grado de apoyarlos y promoverlos. Muchos de quienes decían no quererlo, terminaron comiendo de su mano. De ello doy fe.

El doctor Alfaro nos deja sin duda un vacío en el corazón. En cierto sentido, nos alegra saber que quien ahora parte a otra forma de existencia, descansa de tantas faenas y tantos malestares. Es doloroso saber que ya no podremos tener las desafiantes conversaciones con el amigo Alfaro: su amistad es ausencia, es vacío que no se llena con nada, con absolutamente nada.

Valgan estas palabras como parte de un esfuerzo mayor para empezar a dimensionar la obra del doctor Alfar y su perfil humano. Por ahora, solamente cabe volcar las muestras de afecto que se supo ganar y reconocer el clima de amor que construyó en su entorno.

El mensaje mayor es a la queridísima memoria del querido doctor Alfaro, por el amor enorme que siempre supo mostrar a la vida. Luego el mensaje de solidaridad para su familia, a quien siempre supo colocar en el primer plano de su existencia. Nuestra solidaridad también para sus amigos y para quienes lo conocieron.

Imagino a mi querido doctor sentado en una silla rodeado de la etérea algarada del jardín de su casa, bebiendo café, conversando, hablando de mil cosas. Lo escucho más, hablo menos.

Un enorme abrazo a su familia. Un saludo para sus amigos sinceros. Mil veces un verdadero abrazo.

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