junio 25, 2022

Política Al Margen

Por Jaime Arizmendi

  • Senado, Casa de la Nación
  • Reconocimientos a Comunicadores en Puerta

 ¡Hay mamá, la de Papantla!… Ante la falta de una organización seria que defendiera a los periodistas frente a las acechanzas de políticos y malandros, que cuidara sus intereses laborales y de salud; y que les brindara reconocimiento social, en el umbral del año 2011, medio centenar de mujeres y hombres dedicados a la labor informativa decidimos crear una agrupación nueva, diferente.

Así, luego de haber cubierto los requisitos, como de diversas reuniones para elaborar los distintos aspectos que se deberían contemplar y explicar en el proyecto de Acta Constitutiva, conforme a lo marcado por la Notaría Pública; también después de presentar 13 nombres diferentes (uno cada dos semanas) para solicitar el registro ante la Secretaría de Relaciones Exteriores; fue hasta el 11 de septiembre de ese año cuando se logró concretar la Asociación Civil: Comunicadores Por la Unidad.

Desde entonces, poco a poco dimos paso a la incorporación de reporteros gráficos, redactores o reporteros de a pie, conductora/es de noticieros en televisión y en radio; propietaria/os o directiva/os de prensa escrita o de medios digitales, no sólo de la ciudad de México, sino también de quienes realizan su trabajo periodístico en cualquier lugar del interior del país.

Con el apoyo de la Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados, el 7 de junio de 2013 celebramos el Día de la Libertad de Expresión en el Palacio Legislativo de San Lázaro, con la Exposición Periodistas de Carne y Hueso y una comida que nos ofrecieron legisladores de los diversos Grupos Parlamentarios.

Un año después, con el respaldo de la Comisión de Seguimiento a las Agresiones a Periodistas y Medios de Comunicación, del Senado de la República, realizamos el Día de la Libertad de Expresión con un desayuno, la Segunda Exposición y a 15 colegas (ocho de la ciudad de México y siete del interior del país) les entregamos por primera vez el Reconocimiento a la Trayectoria Profesional en Comunicación 2014.

Para 2015, por el interés que generó entre compañeras y compañeros de otras entidades de la República, como de la CDMX, el número de galardonados aumentó a 65 y por primera ocasión se diseñaron seis preseas concedidas a otro tanto de destacadas mujeres y hombres del ámbito de la comunicación.

En el año 2016, siempre con la asistencia y participación de senadoras y senadores de los grupos legislativos, la ceremonia de entrega de Reconocimientos superó los 120 galardonados, quienes asistieron junto con las seis personas que recibieron las preseas. Y durante el 2017 se replicó el evento igualmente, en el Senado de la República.

En 2018, ante el arranque del proceso electoral y el relevo en gobiernos como el de Baja California, por el cual quería competir el senador presidente de la Comisión de Seguimiento a las Agresiones a Periodistas y Medios de Comunicación, por nuestro compromiso de mantener la pluralidad de nuestra organización, decidimos suspender la celebración en la Cámara de Senadores.

Y entonces optamos por retornar al Palacio Legislativo de San Lázaro. Ahí, Comunicadores Por la Unidad AC contó, sobre todo, con el respaldo de la Fracción Parlamentaria de Morena para la celebración de la ceremonia de entrega de los Reconocimientos en 2018, 2019 y 2020. Esta última realizada de forma virtual con base en los protocolos sanitarios derivados de la pandemia.

Ahora, contra lo que alguien asegura que Comunicadores Por la Unidad cobra a quienes reciben el Reconocimiento, con la certeza de lo que somos, hacemos y hemos efectuado, consideramos que esa es una acusación carente de veracidad y de una infame calumnia.

Nunca se ha cobrado a ninguna persona, mujer u hombre, porque se le incluya entre los ya cientos de colegas que han sido galardonados. Ese dicho de que “me dijeron”, o el de que “tengo varios nombres”, sólo refleja carencia de información y fuente confiable y hasta puede mostrar o que se le interprete con alguna forma de deshonestidad.

En mi trayectoria como periodista, por citar un caso, en la Coordinación de Asuntos Especiales de la Organización Editorial Mexicana elaboré 127 reportajes de tres y hasta cuatro partes, los cuales fueron publicados en todos los diarios de esa gran empresa entre los años 1988 y 1990. Nunca, en ninguno de todos, hubo un desmentido.

No me es dable “volar”, como hay quien puede hacerlo con gusto. Cuando el primer día de enero de 1994 me tocó cubrir el surgimiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, vi caer periódicos de –entonces sí–, circulación nacional en la publicación de notas de ocho columnas con falacias.

Por ejemplo: “Bombardean 13 colonias de San Cristóbal”, y esa hermosa ciudad sólo tenía 12 colonias; es decir, de haber sido cierto, San Cristóbal De las Casas habría desaparecido. Peor aún, cuando el mismo día un grupo de enviados nos metimos a la zona “bombardeada”, nos sorprendimos, no encontramos ni un árbol o pasto quemado. Fueron bombas de salva, como las que se disparan cuando hay una Visita de Estado.

Otro patético caso: Marchan las fuerzas rebeldes hacia la ciudad de México. Ya pasaron de Tuxtla Gutiérrez –decía el complementario cintillo–. Pero los del EZLN estaban perdidos en la Selva Lacandona.

O la cabeza de otro diario del 24 de marzo de 1994: Yo lo vi caer. Cuando en Lomas Taurinas solamente nos vimos todo el tiempo tres reporteros: el enviado de aquél Heraldo de México, el de El Universal (quien por cierto falleció hace unos meses por Covid-19); y quien esto escribe.

Y aún ahora, a más de 27 años de distancia, hay quienes aseguran que los reporteros fueron llevados de “shopping” al otro lado (Estados Unidos), como si todos llevaran pasaporte y, lo más escaso, dólares.

Por eso, si fuiste a una escuela seria de periodismo o Ciencias de la Comunicación, tienes la obligación de cuidar siempre tu buena fama eludiendo escribir «voladas”. Tengo más de 20 años de redactar este repaso que denomino “Política Al Margen”, y nadie me ha desmentido.

Más aún, cuando los directores de cientos de periódicos, revistas y medios digitales me hacen el gran favor de publicarla en cualquier lugar del país, debe ser porque hay confianza en que todo lo que escribo tiene sustento. De qué mueren las ardidas…